En ese tiempo, Grupo URCONSA —y más recientemente DGU, nuestra alianza con Dottor Group— ha sido el contratista de obra de los desarrollos que hoy definen el mapa del lujo en la región: Amanvari en Costa Palmas, Grand Hyatt, Park, Nobu, Querencia, Chileno Bay, los campos de Tiger Woods en Diamante, entre otros.
He visto el lujo construirse desde el concreto.
Y desde ese lugar he visto algo que muy pocos pueden ver: la diferencia entre los
desarrollos que se consolidaron como activos de largo plazo y los que, en algún punto, se vieron obligados a reestructurar, cambiar de dueño o vender. Cuando uno es el contratista, no se queda con la versión del pitch deck — se queda con la versión real. Quién sostuvo disciplina cuando el mercado se tensó. Quién tenía el capital correcto, no solo suficiente.
Quién entendió que un Master Plan no se modifica para rescatar flujo. Quién entregó sus amenidades a tiempo y quién las quedó debiendo.
En los próximos meses voy a usar este espacio para compartir lo que he aprendido desde ese vantage point. No para promocionar proyectos — para discutir lo que realmente separa al desarrollo de alta gama exitoso del que termina vendiéndose: la base del terreno, la estructura del capital, la afiliación de marca, la disciplina del Master Plan, la calidad de ejecución, el modelo operativo posterior, la liquidez en el mercado secundario.
Escribo para quienes están del lado serio de esta industria: inversionistas que evalúan entrar al segmento ultra-lujo, desarrolladores que están aprendiendo en obra, fondos con apetito por activos de horizonte largo, y los pocos brokers que entienden que este segmento no se vende — se construye.
Si la conversación les interesa, nos leemos en los siguientes.
